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Psicología y disciplinas

Cada vez más, aparecen nuevas disciplinas enfocadas a resolver las dificultades del ser humano. Muchas de ellas son identificadas como “Coaching” o “Terapia”. El término “Coaching” es muy interesante pues con su significado (entrenamiento) podemos entender que la finalidad es mejorar y potenciar, así como conseguir lograr objetivos. En cambio, el objetivo de la “Terapia” es la curación o el alivio de enfermedades o síntomas. Ambas disciplinas pertenecen al campo de trabajo de la Psicología. Aunque resulte polémico, la base de trabajo (los cimientos) se nutre de lo básico, de lo primero. Y lo primero es el conocimiento previo: la Universidad. Es común encontrarse dentro del campo intervencional de la Psicología una mala mirada a lo que ofrece la Universidad, ya que en muchas ocasiones se excluye la Licenciatura en Psicología como elemento de fuerza. Para nada estoy de acuerdo. Tiene fuerza y mucha. El grado en Psicología (antes Licenciatura) ofrece una mirada generalizada a todas las posibilidades y formas que puede tomar la profesión. Es cierto que no especializa, lo que sí que hace es dibujar el mapa por el cual un profesional que realice la carrera profesional en Psicología puede moverse. Esta es la base: un recorrido desde la Psicología Evolutiva, hasta la Psicobiología, pasando por la Personalidad y la Psicopatología y llegando a las Organizaciones y a la Psicología del Trabajo (por no hablar de la Forense ni la de los Grupos entre otras). Tan sólo es una mirada, cierto. Lo que una mirada que además se realiza en una Institución con historia (la Universidad), lugar donde han pasado cientos de miles de estudiantes y lugar...

¿Qué son los traumas?

Hay diferentes lecturas para abordar el tema del trauma. En este espacio vamos a acercarnos de manera sencilla a un mecanismo que dificulta seriamente a las personas que lo sufren. Los traumas aparecen ante impactos que no pueden ser procesados por el ser humano, bien por escasez de tiempo a la hora de integrar lo que ha ocurrido, bien por el dolor que generan. Hay diferentes tipos de impactos: los que provienen de la naturaleza y los que provienen del ser humano. Los que tienen que ver con la naturaleza son aquellos en los que determinados movimientos de la propia vida generan situaciones de desastre, tipo terremotos, tsunamis, explosiones o muertes tempranas. Estos traumas son ajenos a la naturaleza humana y son indeterminados. Los que provienen del ser humano son traumas generados a través de movimientos producidos por los propios seres humanos: abusos sexuales, agresiones físicas, suicidios cercanos, accidentes de coche, abortos. En ambas situaciones, el ser humano, al producirse en él un impacto, lo primero que va a hacer es intentar procesar lo que está ocurriendo. El factor tiempo suma una dificultad al procesamiento: la vida está en continuo movimiento y cualquier digestión necesita ser realizada de manera ágil para seguir con el hilo de la vida. Tarea difícil ante tal estado de dolor. En muchas ocasiones las personas quedan congeladas y acaban transitando el escenario “sin sentir”. El núcleo del problema es que este congelamiento queda registrado en el organismo y en diferentes ocasiones los seres humanos que lo padecen retraumatizan el escenario en situaciones presentes, a veces sin apenas darse cuenta. En este sentido, disciplinas psicoterapéuticas...

Todo empieza por detenerse

Todo empieza por detenerse. Para ello, unas respiraciones lentas y profundas son fundamentales para iniciar bien el proceso. Probar a respirar con ojos cerrados o mirando un punto en concreto unas cinco veces es iniciar con garantías el ponerse en contacto con las sensaciones. Éstas ocurren entre el cuello y el bajo vientre. Ahora bien, como no se nos enseñó desde pequeños a qué hacer con las sensaciones, la invitación es a aprenderlo en la actualidad. Las sensaciones emergen para invitar al ser humano a accionar un movimiento que facilite una mejor vivencia en la situación en la que se manifiesta. Para mayor tranquilidad en el proceso, las sensaciones pueden ser identificadas con emociones: las cuatro básicas son la alegría, la tristeza, el miedo y el enfado. Una vez producida la identificación podemos empezar a divisar todas las variables que influyen en la situación para generar esta emoción, para que una vez detectado lo que falta por hacer o dejar de hacer se accione y se disuelva la emoción. Entonces, el ser humano puede continuar en su camino de vida limpio hasta que vuelva a vivir una nueva sensación para volver a iniciar de nuevo todo el proceso. El sábado 25 de mayo realizo en Formaser un nuevo taller de emociones. Allí lo practicaremos. Si os interesa poneros en contacto en...

Movimiento hacia la «unidad»

El proceso personal se dirige a la raíz psíquica en un primer momento, es decir, a resolver y a reorganizar todos aquellos sucesos que quedaron enquistados en el interior. El fin último, en muchas ocasiones, son el padre y la madre -biológicos y/o adoptivos-, lugar donde uno se encuentra con su base afectiva, el origen de la conciencia psicológica. Cuando un ser humano resuelve su base afectiva y puede tomar dentro de sí a su padre y a su madre en su totalidad, tal y como son, con sus vidas y circunstancias, entra en un estado de reposo que facilita el acceso a contemplar la vida en su magnitud. Diferentes disciplinas psicológicas exponen que tomando al padre y a la madre permite dejarse tomar por la vida, concibiendo la vida como un ente con un movimiento propio. Sin embargo, es común encontrarse con personas de referencia en el campo de la Psicología que coinciden que, después de resolver su proceso personal, se entra en contacto con un movimiento interno que directamente encaja con el movimiento de la propia vida. Reflexionar acerca del movimiento de la vida es complejo, ya que entramos en contacto con “lo invisible” y tan sólo son percepciones las que son tomadas como base. Es entonces cuando aparece el término “unidad”, donde el todo es el todo y nada está separado de nada. Una experiencia que otorga un estado de plenitud que permanece en movimiento. Miguel Martín...

¿Qué pasa con los caballos?

El pasado fin de semana tuvo lugar una nueva edición del taller que realizamos con caballos, sobre Inteligencia Emocional. Las conclusiones se superan en cada taller, ya que los caballos consiguen ampliar la percepción de los participantes, quienes quedan asombrados ante el movimiento auténtico de estos animales. Después de tiempo trabajando con la Inteligencia Emocional, me he encontrado cada vez más que este campo de trabajo se dirige a un lenguaje sensitivo, propio del conjunto de la biología animal. Con esto no me refiero a que la Inteligencia Emocional se dirija a comunicarse con los animales haciendo ruidos o moviéndose instintivamente, sino que hay una frecuencia sensitiva, en estado de reposo y tranquilidad,  donde podemos entendernos con los animales sin necesidad de comunicarnos. Para ello, es preciso comprender cómo tranquilizar nuestro campo sensitivo, entrando en contacto con las sensaciones y disolviéndolas cubriendo nuestras necesidades. En muchas ocasiones y dado no nos lo han enseñado en la Escuela de pequeños, desconocemos cómo disolver sensaciones que emergen en nuestro cuerpo e inevitablemente, al no ser disueltas, quedan comprimidas en forma de tensiones en diferentes zonas del mismo cuerpo. Los caballos, en este caso, al detectar compresiones emocionales (bloqueos corporales que impiden una tranquila respiración), facilitan mediante micro gestos distintas invitaciones a movimientos a realizar ante la situación que permanece comprimida en el interior. Estos movimientos pertenecen a la situación en la que ha quedado la reacción emocional condensada y es donde la persona acaba estudiando un nuevo movimiento al que actualmente realiza y no funciona. Los resultados: cada vez hay más personas que se han beneficiado de esta experiencia y el...